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Un corredor nacido en EE.UU. supera el récord estadounidense del medio maratón, pero correr para Sudán le impide quedarse con la marca

28 de octubre de 2026

Foto de Miguel A Amutio en Unsplash

El domingo pasado, en las calles de Valencia, Yaseen Abdalla cruzó la meta del medio maratón en 59:12. Esa cifra es más rápida que cualquier marca corrida jamás por un estadounidense en la distancia —cinco segundos por debajo del récord que Conner Mantz había establecido apenas meses atrás—. Abdalla nació en Texas, creció corriendo en pistas estadounidenses, probablemente entrenó bajo el mismo sistema universitario que forjó a Mantz. Y sin embargo, cuando USATF revise los libros de récords, su nombre no va a aparecer. Porque Abdalla no corre para Estados Unidos. Corre para Sudán, el país de sus padres, y eso —según el reglamento— lo deja fuera de la conversación.

Es una de esas noticias que parecen un tecnicismo burocrático hasta que te das cuenta de que toca algo mucho más profundo: qué significa realmente representar a un país cuando corrés, y hasta qué punto las marcas "nacionales" son una construcción tan arbitraria como poderosa.

El contexto

Las federaciones de atletismo, igual que World Athletics a nivel global, permiten que un atleta compita internacionalmente por un país distinto al de su nacimiento o residencia, siempre que tenga un vínculo —generalmente familiar o de ciudadanía— con esa nación. Es una práctica común: corredores nacidos en Kenia compitiendo por Baréin o Catar, atletas con doble nacionalidad eligiendo representar al país de sus abuelos. Abdalla hizo exactamente eso, pero en dirección inversa a lo habitual: nació y se formó deportivamente en EE.UU., pero eligió a Sudán como bandera.

El problema surge en el reglamento interno de USATF, que exige que, para que una marca cuente como récord nacional, el atleta debe haber competido representando a Estados Unidos en esa carrera. No importa el pasaporte que tenga en el cajón ni dónde aprendió a correr: lo que cuenta es para quién corrió ese día. Abdalla corrió con la camiseta de Sudán, así que su 59:12 —técnicamente la mejor marca de la historia producida por un estadounidense— queda archivado como una curiosidad, no como un récord.

Lo llamativo es que no es un caso aislado ese fin de semana: en la misma carrera, un corredor español también bajó el récord europeo sin que este contara, por una situación similar de elegibilidad. Valencia, una de las pistas más rápidas del calendario mundial por su clima templado, su trazado plano y su organización quirúrgica, volvió a demostrar por qué es terreno fértil para marcas históricas... aunque esta vez, la historia quedó en un limbo administrativo.

Lo que dice la ciencia

Más allá del debate sobre pasaportes, vale preguntarse: ¿qué hace posible un 59:12? Ese ritmo implica sostener cerca de 2:48 por kilómetro durante 21.1 km, algo que exige una economía de carrera excepcional y una capacidad brutal para tolerar la fatiga sin perder eficiencia mecánica. La revisión de Azevedo y colegas (2021) sobre el desarrollo de la fatiga en ejercicio autorregulado explica justamente eso: a ritmos de competencia elite, el límite no es solo cardiovascular, sino la habilidad del sistema nervioso central para seguir reclutando fibras musculares de forma eficiente mientras el cuerpo acumula señales de fatiga periférica.

A eso se suma el trabajo de fuerza. El estudio de Zanini et al. (2025), publicado en Medicine & Science in Sports & Exercise, mostró que el entrenamiento de fuerza mejora específicamente la "durabilidad" de la economía de carrera: la capacidad de mantener una técnica eficiente incluso cuando el cuerpo ya está fatigado, algo clave en la segunda mitad de un medio maratón corrido a ese ritmo.

Y no hay que olvidar la logística nutricional: carreras de esta intensidad y duración dependen de una estrategia de carbohidratos bien calibrada antes y durante la prueba. La revisión de Cao, He y Fu (2025) en Nutrients repasa cómo los corredores de elite de fondo optimizan la ingesta de carbohidratos para sostener la intensidad sin comprometer el sistema digestivo, algo que a 59 minutos de esfuerzo extremo puede marcar la diferencia entre un récord y un colapso.

Qué significa para ti

No vas a correr a 2:48 el kilómetro (probablemente ni yo), pero hay lecciones aplicables en cualquier nivel:

  • La fuerza no es opcional. Si querés sostener tu ritmo en los últimos kilómetros de una carrera sin desarmarte técnicamente, el trabajo de fuerza dos veces por semana es una inversión directa en tu economía de carrera, tal como muestra la evidencia reciente.
  • Planificá tu nutrición de carrera con anticipación. No improvises los carbohidratos el día de la prueba; practicá tu estrategia en los entrenamientos largos.
  • El contexto importa más de lo que pensás. Así como una marca depende del lugar, el clima y hasta el reglamento bajo el cual corrés, tu progreso también depende de factores que a veces no controlás del todo. Enfocate en lo que sí podés entrenar: tu fuerza, tu fisiología, tu estrategia.

La historia de Abdalla es, en el fondo, un recordatorio de que correr rápido y que ese esfuerzo "cuente" oficialmente son dos cosas distintas. Pero el tiempo en el reloj —ese sí— nadie se lo puede quitar.

Referencias

  • Azevedo RA, Silva-Cavalcante MD, Lima-Silva AE. "Fatigue development and perceived response during self-paced endurance exercise: state-of-the-art review." Eur J Appl Physiol, 2021. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33389141/
  • Zanini M, Folland JP, Wu H, et

Fuente original

LetsRun.com ↗

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